UN DÍA QUE PELLIZCA EL CORAZÓN

Con motivo del Día del Padre, me gustaría escribir estas líneas para ensalzar y empoderar nuestro rol de padre dentro de las familias con niñ@s con necesidades especiales. No quiero caer en estereotipos ni prejuicios, simplemente hablar desde el corazón como padre de tres hijas, la mayor de las cuales ya sabéis que tiene una enfermedad rara conocida como SYNGAP1.

Quizás os sorprenda esto que os voy a decir, pero para mi este día siempre ha tenido un sabor agridulce, y no lo voy a negar, incluso con un punto de envidia. Durante muchos años no he sido capaz de disfrutar de verdad del Día del Padre, porque me costaba asumir que para mi hija, ese día en concreto no significaba nada especial. Ver a los peques volviendo a sus casas llenos de ilusión por el regalo que han preparado a su ‘papá’, a esos padres orgullosos de recibir esos regalos, la oportunidad de celebrar todos juntos ese día especial… Todo eso chocaba frontalmente con mi realidad atípica, esa en la que da igual que sea 19 de Marzo, 24 de Agosto o 3 de Octubre. 

No pasa nada por reconocer que es un día que pellizca el corazón, uno de esos momentos en los que nuestra realidad pasa por encima nuestro como una ola gigante y te pega un buen revolcón. La parte positiva, que siempre la hay, es que una vez repuesto del golpe, soy capaz de recordar que la felicidad realmente está en las pequeñas cosas. Como os decía antes, durante un tiempo me quedaba anclado en el ‘cómo me gustaría que fuese’, pero hay que tratar de darle la vuelta a la tortilla y elegir disfrutar de todo lo que tenemos, de esos detalles, esos abrazos, esas risas, esos besos… 

No estoy diciendo que sea fácil, pero si nos quedamos con la primera opción, posiblemente estemos en el lamento y la tristeza, sin embargo, si nos ‘atrevemos’ a elegir la segunda opción, aprenderemos a apreciar muchas otras cosas. 

Para mi este tema puede entenderse como un pequeño proceso de duelo que surge durante nuestro largo transitar por el mundo de la discapacidad. Y como en todo proceso de duelo, debemos luchar por alcanzar la aceptación, y eso no significa estar de acuerdo con lo que nos ocurre. Es decir, claro que me gustaría que las cosas fuesen diferentes, claro que me gustaría que mi hija pudiese y quisiese celebrar ese día conmigo, que pudiese decirme ‘Feliz Día del Padre, papá, te quiero’. Pero eso no va a pasar, así que lo tengo que aceptar y aprender a convivir con ello.

Seguro que habéis escuchado alguna vez las frases ‘Si la vida te da limones, aprende a hacer limonada’, o incluso, ‘Si la vida te da limones, pide sal y tequila!’.  Pues eso mismo, como la vida nos ha dado un buen cargamento de limones ¿por qué no hacemos que nuestro Día del Padre sea cualquier día del año, los días que nosotros queramos, los días que más orgullosos nos sintamos de acompañar a nuestr@ hij@ con discapacidad? 

Volviendo al inicio de este post, vamos a ensalzar y empoderar nuestro rol de padre, ¿os parece?

Yo no soy ni mejor ni peor padre que nadie, y ni siquiera pienso que mi paternidad sea más complicada que la de otro padre que no conviva con las necesidades especiales tan de cerca, pero sí sé que estoy muy orgulloso de ser el padre de mis hijas, y que soy quien soy gracias a ellas. 

Así que, querido padre que estás leyendo estas líneas, muchas felicidades. Hoy, mañana o el día que tú elijas. 

Gonzalo Bermejo es Coach Ejecutivo y padre de tres hijas; una de ellas es Carlota, con quien ha aprendido y comprendido todo lo que hoy desea compartir.  Autor del libro “Cómo aprender de la discapacidad de tu hijo. Coaching para padres de niños con necesidades especiales”.

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