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NAVIDADES EXTRAORDINARIAS

Este 2021 ha pasado volando, y casi sin darnos cuenta, ya estamos a las puertas de volver a celebrar la Navidad, y este período, en el caso de las familias con hijos con necesidades especiales, a veces no es tan idílico como nos lo imaginamos.

De un modo u otro, creo que todos, como padres/madres, queremos que nuestros hijos disfruten las Navidades, se ilusionen con los encuentros y reuniones familiares, deseen y pidan sus regalos, canten villancicos, etc.. En resumen, soñamos con que a ellos también les invada ese ‘espíritu navideño’.

Así desde luego lo sentí yo cuando nació mi hija Carlota y llegó su primera Navidad con nosotros. Todo giraba a su alrededor, y aunque fuese todavía muy bebé, la hacíamos partícipe de todo.

Como os podéis imaginar, según pasaban los años, su retraso tanto físico como madurativo se hacía más evidente. Sin embargo, la ilusión porque mi hija disfrutase de las Navidades permanecía intacta. Yo me resistía a pensar que nuestra realidad era diferente, que mi hija no entendía ese concepto tan amplio de ‘Navidad’.

Y esto tenía para mí dos consecuencias:


‘Forzar’ situaciones como por ejemplo pretender que Carlota estuviese tranquila sentada en una mesa para comer o cenar con mucha más gente. Es algo que habitualmente le produce ansiedad y nerviosismo, desencadenando muchas veces en momentos de crisis de comportamiento. Como consecuencia, al final ella, como es normal, se acababa agobiando, y por tanto, yo también. Y ni ella ni yo acabábamos disfrutando de esa comida o cena.


Frustrarme al ver que ella no disfrutaba de cosas tan básicas como por ejemplo abrir regalos o montar el árbol de Navidad.

Con el paso del tiempo, creo saber cuál es la clave de todo esto: era ‘mi ilusión’, en primera persona, de que mi hija disfrutase de las Navidades. El problema estaba en mí, no en ella.

Como en otras situaciones que he pasado, el origen del problema estaba en el manejo de mi frustración como padre. No me resulta fácil asumir que para mi hija, el día de Nochebuena, Navidad, Papá Noel o Reyes Magos no dejan de ser un día más, prácticamente como cualquier otro.

Por supuesto que en casa celebramos estas fiestas, y más ahora con sus hermanas pequeñas, le seguimos poniendo toda la ilusión del mundo, sobre todo porque Carlota disfruta cuando nos ve contentos a nosotros. Y esa frustración como padre va desapareciendo, poco a poco, y lo que hago es buscar y adaptar las situaciones y circunstancias para que Carlota esté cómoda y relajada.

Si no quiere estar en la mesa con todos nosotros y prefiere irse a su habitación a jugar o ver los dibujos en la Tablet, lo hacemos, no hay problema. Es ella misma la que vuelve con nosotros cuando se siente tranquila.

Si tiene que comer o cenar un poco antes que nosotros para que no se agobie con el gentío, lo hacemos porque lo importante es que coma, no que esté sentada en la misma mesa que nosotros.

Si no muestra ilusión por abrir sus regalos, tampoco pasa nada, porque no conoce el concepto de ‘regalo’, ni lo que significan los Reyes Magos. Yo prefiero regalarle lo que le haga ilusión en cualquier momento del año, y no sólo en fechas señaladas, porque tiene muy pocos caprichos y entiendo que merece disfrutarlos cuando surgen.

Durante muchos años he tenido que desprenderme de ciertas ‘tradiciones’ que se viven en mi familia. Cosas que pueden parecer muy simples, como ir a ver Cortilandia al centro de Madrid, o dar un paseo por la Plaza Mayor para después tomarse un bocadillo de calamares, es algo que yo he hecho toda mi vida con mis padres, pero que yo no he podido hacer con Carlota. ¿Es fácil asumir que como padre no puedo continuar con las tradiciones? Pues sinceramente no… y no por el hecho en sí de no poder dar un paseo por el centro de Madrid, sino por el motivo que lleva a eso.

Quizás ahora con sus hermanas podamos volver a intentarlo, y ver en qué medida esa ilusión de las pequeñas se contagia a Carlota.

Pero hay una cosa clara, no puedo hacer que mi ilusión sea su ilusión, eso sería muy egoísta por mi parte. Pero sí puedo hacer que ella esté cómoda, tranquila y que disfrute.

¡ Feliz Navidad atípica !

Gonzalo Bermejo es Coach Ejecutivo y padre de tres hijas; una de ellas es Carlota, con quien ha aprendido y comprendido todo lo que hoy desea compartir.  Autor del libro “Cómo aprender de la discapacidad de tu hijo. Coaching para padres de niños con necesidades especiales”.

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